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miércoles, 13 de diciembre de 2017

POESÍA Y FÚTBOL


Gabriel Celaya sabía que un poeta, ante todo, le debe fidelidad a su poesía. Es lo poco que trae al mundo bajo el brazo, será el pan de cada día, y lo único que se llevará a la tumba. Puede odiarla o incluso maltratarla, pero nunca traicionar su lealtad. Ese día, el poeta estará perdido, no le quedará nada en los bolsillos, habrá muerto. Por eso maldijo la poesía como lujo cultural, y a todos esos poetas neutrales que se lavaban las manos. Por eso maldijo la poesía que no tomaba partido; la suya siempre lo tomó: ser poeta, para él, nunca fue un oficio, sino una conducta. Celaya sabía que, como el poeta, el hincha podía odiar sus colores en algunos partidos, o incluso maltratar el escudo tras algunas derrotas. Pero nunca podía traicionar la fidelidad a su club. Ese día, el aficionado estaría perdido, no le quedaría nada en los bolsillos, habría muerto.

Por eso él decidió tomar partido: cinco días después del segundo encuentro de la final del Campeonato de España de 1928, le dijeron que Rafael Alberti había escrito una oda alabando la actuación de Ferenc Platko. Celaya bajó al quiosco y se hizo con un ejemplar de La Voz de Cantabria. El poema ocupaba toda la portada de aquel 27 de mayo. Cuando terminó de leerlo, su primer impulso fue agarrar la pluma; pero se contuvo: un contraataque necesita de una mínima pausa para ser letal. «Nadie se olvida», había escrito Alberti, y Celaya tampoco olvidaba. Él también había estado en la grada del Sport del Sardinero en el primero de los partidos y había visto con sus propios ojos los goles de Mariscal y Samitier. Y el fortuito encontronazo entre Platko y Cholín que había inspirado la oda. Reconocía la valentía del portero al volver con aquel aparatoso vendaje; pero de ninguna manera que el Barcelona hubiese arrancado un empate solo por sus paradas.

Releyó la oda y no encontró rastro de los penaltis no señalados a su favor. «Nadie se olvida», había escrito Alberti, o quizás cada uno olvida lo que no quiere recordar. Por no olvidar, Celaya incluso recordaba los dos partidos que habían jugado contra los culés en la fase de clasificación del grupo III: en Les Corts, la Real había tenido que hincar la rodilla ante un contundente 4 a 1, pero en Atocha habían demostrado estar a la altura con un épico 5 a 4. Tampoco olvidaba el segundo encuentro de aquella final: un desempate jugado dos días después que había vuelto a terminar en empate, con goles de Kiriki y Piera. Y empatado también a expulsados: Guzmán por parte de los catalanes y Cholín, de los donostiarras.

Mientras cerraba el periódico, todavía no había campeón. El F.C. Barcelona debería esperar hasta el 29 de junio para saber si se quedaba el trofeo en propiedad. Siete futbolistas txuri-urdineshabían sido convocados para los JJOO de Ámsterdam. Ninguno culé, ellos ya eran profesionales. De eso tampoco hablaba la grandilocuente oda de Alberti.

«Nadie se olvida», había escrito Alberti, y Celaya, por no olvidar, recordaba los balones que se colaban en la fábrica de su padre. Múgica tenía una sede pegada al estadio de Atocha y, «como entonces se jugaba bombeado», solía contar Celaya, «nos rompían los cristales a pelotazos. Recuerdo la conserjería llena de balones, que mi padre no devolvía si no le daban cinco duros por cada uno».
UN CONTRAATAQUE POÉTICO
El 25 de agosto de 1984, El Diario Vasco anunciaba que, en San Sebastián, se avecinaban jornadas de fútbol y fiesta. Ese día arrancaban los multitudinarios actos para conmemorar el 75 aniversario de la Real Sociedad. Por la mañana, se había programado una misa en Santa María, a la que siguió la inauguración de la exposición fotográfica en el Museo de San Telmo, y la proyección de una película con los mejores momentos de la historia del club. A última hora de la tarde, la Real se enfrentaría en Atocha, en partido amistoso, al Boca Juniors.
Benito Díaz, Amadeo Labarta, directivos, exfutbolistas y periodistas habían acudido al acto. También un poeta de pelo cano y rizado, y sonrisa bonachona. Finalizada la proyección de la película, Iñaki Alkiza lo llamó. Un poco avergonzado por los aplausos, Gabriel Celaya subió al estrado y se plantó frente al micrófono. Desdobló un papel con mano temblorosa y se lo colocó a la altura de la cara, como si quisiera esconderse tras él.

Casi cincuenta años después de aquella final de 1928, Celaya decidió que había llegado el momento de contraatacar poéticamente a la oda de Rafael Alberti. «Mi Real Sociedad», escribió Luis de Andia en El Diario Vasco al día siguiente, «como titula Gabriel Celaya los apresurados versos escritos —a petición de Gloria Abanda—, y con motivo del aniversario que hoy abre sus celebraciones oficiales».

Y continuaba:
«Gabriel Celaya, hincha confeso de la Real Sociedad, leyó allí mismo el poema. […] Visiblemente emocionado, la garganta se le atascó al ir a leer el poema dedicado a aquellos jugadores con los que viajó a Santander: «Está dedicado, sobre todo», —dijo— «a la Real de mis años de infancia. Jugadores que para nosotros —casi se ahoga en un sollozo de emoción, respira y musita aun con el temple descontrolado— eran dioses». Se exculpa Celaya: «Me pongo cursi y hasta me emociono…». Y lee una bella poesía con sentimiento y forofismo».

Mientras recitaba el poema, con el rostro parapetado tras el folio arrugado, Celaya dibujaba aspavientos con el brazo derecho en el aire que acompañaban el vuelo de sus palabras:
Recuerdo que de niño, socio de la Real,
desde la grada Norte, les veía jugar. 
Y siempre con apuros contra la Real Unión.
¡René Petit, Patricio, Gamborena, Emery! 
Nunca había manera de meterles gol.
Ni Yurrita, ni Jauregui podían conseguirlo.
Ni Izaguirre y Arrate defendernos al fin.
Y recuerdo también nuestra triple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko,
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega,
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.
EL POETA SIN LIBROS
Un poema puede ser fulminante como un contraataque y acuchillar al lector cuando menos se lo espera. Un poema puede cantar la victoria que siempre esconde una derrota.

Gabriel Celaya sabía que ser un poeta de verdad daba miedo porque el verdadero poeta no se canta a sí mismo, sino que asume la pena de todo lo existente. Mientras que Alberti había alabado al héroe, él elogió al nosotros, al equipo. Sabía que daba miedo decir en voz alta lo que el mundo se empeñaba en silenciar, pero nunca se calló los robos arbitrales fuera ni dentro del campo. Su poesía era un arma cargada de futuro, y siempre le fue fiel. Como fue fiel a su amor por Amparitxu. Y a su romance con la Real Sociedad. El día de su boda, solía recordar, el padrino había sido Eduardo Chillida, no solo un escultor de talla mundial, también portero de la Real en la temporada de 1943.

El 12 de junio de 1984, acudió invitado a la presentación del libro La Residencia de Estudiantes, en Madrid. Celaya se sentó junto a Rafael Alberti y charlaron de libros, de los desengaños de la vida, de los años luminosos que habían vivido en aquella residencia junto a Lorca, Unamuno, Neruda o Machado. Celaya recordó la buhardilla donde había montado la editorial Ediciones Norte junto a Amparitxu. Donde había nacido la poesía social. Donde habían traducido a Rilke y Rimbaud. Recordó las 300 pesetas que pagó a Cela por su Viajes por la Alcarria, y los dos poetas rieron. Ninguno de aquellos dos hombres canosos y arrugados se parecía a los dos jóvenes que, aquel lejano 20 de mayo de 1928, habían acudido al Sport del Sardinero para ver el primer partido de la final del Campeonato de España, y lo habían inmortalizado a base de odas.

Ese mismo año le concedieron el Premio Nacional de Literatura. Sin embargo, el galardón no evitó que tuviese que vender todos sus libros —doce mil ejemplares— a la Diputación de Guipúzcoa para costearse los gastos de su enfermedad. «Tras vender la biblioteca de Gabriel», contó Amparitxu a los medios, «ahora vivimos exclusivamente de de muy pequeñas cantidades que recibimos de su editor». Malvivió en la pobreza sus últimos años. Perdió la sonrisa y el apetito. Morir no le daba miedo, pero envejecer lo aterrorizaba.
BRAZALETES NEGROS POR EL POETA TXURI-URDIN
En su entierro, el 20 de abril de 1991, Camilo José Cela dijo: «Es vergonzoso que Celaya haya muerto en la indigencia. Era un poeta importantísimo que debería haber ganado lo suficiente para tener una mínima holgura económica». Pero Celaya había sido un poeta de verdad, de los que es mejor silenciar. En su poema Despedida dijo que quizás cuando muriese, alguien diría: era un poeta, y el mundo, siempre bello, seguiría girando sin conciencia.

Y siguió girando.

El día de su funeral, por la mañana, Amparitxu dio el último paso a su lado y lanzó sus cenizas en Hernani. Celaya había pedido que no las lanzasen al mar, no fuera a ser que una gaviota despistada volase demasiado bajo y se las comiera. Aquella tarde se jugó un partido que, sin duda, no se hubiera perdido: derbi vasco en la Catedral. Aquella tarde —triste, deslucida, enlutada—, «los equipos salieron juntos al terreno de juego», se leía al día siguiente en ElDiario Vasco«luciendo los blanquiazules brazaletes negros en señal de duelo por la muerte de Gabriel Celaya». Los donostiarras no pudieron completar el homenaje con una victoria, aunque eso, a Celaya, poco le hubiera importado: siempre supo que un equipo de fútbol, más allá del triunfo o la derrota, es el reflejo donde se mira su pueblo.

Fuente : http://www.panenka.org/miradas/la-contraoda-del-poeta-txuri-urdin/

viernes, 17 de noviembre de 2017

EUSKERA

Orígenes del lenguaje oral y del euskera/ eskuara

17th noviembre 2017 by Euskaria
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Jon Nikolas Lz. de Ituiño
PRESENTACIÓN
La trayectoria de la Humanidad es la historia de la evolución de una especie de primates que en el periodo Mioceno, hace 15.000.000 de años, inició su propio ascenso independiente en la escala espacio-temporal. Hasta el momento del cambio del animal a la especie homínida, en el espacio-tiempo del Pleoceno, han transcurrido no menos de 5.000.000 de años.
La herencia humana de la misma evolución ha hecho viable la supervivencia de nuestra especie con el desarrollo de capacidades para enfrentarse a las dificultades del medio en la Naturaleza. Desde la comunicación por gestos, la convivencia del grupo desarrolló la sociabilidad, estableciendo el modo de compartir un estilo de vida en torno a compartir la comida, dominar el fuego y utilizar herramientas.
Las dos líneas de nuestra especie que hace medio millón de años lograron sobrepasar el umbral de la evolución, en el marco referencial del Pleistoceno Superior alcanzaron una época de bonanza climática. Entre 130.000 y 70.000 años BP, la especie homo sapiens fue predominante; en la geografía de adaptación racial la especie homo sapiens fue sobresaliente, instalándose sus tres razas de manera universal y hegemónica en los continentes de África y Eurasia.
Además de su capacidad de comunicación gestual y por señas, su evolución antropológica dio lugar al balbuceo oral y a la innovación de su industria cultural con el tratamiento de sus herramientas. Superó la industria Achelense, aparecida en Tanzania, en Olduvai, hacía 1.400.000 años BP e instauró el método levalloisiense reconocido como musteriense desde la preparación de choppers.

Los balbuceos de una oralidad primigenia es la capacidad física que adquirió la especie homo sapiens con su configuración ósea, tanto craneal como maxilar, unida a la columna vertebral. El desarrollo de nuestra especie, homo sapiens sapiens, mantiene unas diferencias óseas muy acusadas respecto de su contenporáneo homo sapiens.
En la especie homo sapiens se distinguen tres subespecies o razas geográficas, mientras nuestra especie ha sido dividida en cinco subespecies, cada una de las cuales ha evolucionado hasta el estado presente en su propia región geográfica. La antropología física ha clasificado las tres razas de la especie homo sapiens como paleoártica neanderthalensis, oriental solensis y ætiope en la cuna de la humanidad.
El pensamiento humano es anterior a la manifestación del lenguaje oral; el lenguaje gestual y por señas, con antelación al lenguaje oral, representa igualmente la expresión del pensamiento como parte de la comunicación entre individuos colaborando socialmente. El lenguaje oral es el resultado de la evolución y el aumento de las capacidades razonadoras, fruto del intercambio del pensamiento como de las experiencias compartidas.
Las diferencias oseas y fisiológicas del homo sapiens y nuestra especie homo sapiens sapiens, son significativas más allá de la complexión física; además de la disminución craneana y cerebral de nuestra especie respecto del homo sapiens, lo singular del homo sapiens sapiens, se manifiesta en el avance prominente del maxilar inferior y la capacidad bucal. Las características de las respectivas diferencias craneales, medibles por sus fósiles.
Fuera de los continentes de África y Eurasia no se han encontrado fósiles de la especie homo sapiens. Mientras existió un tiempo de bonanza climática, hasta hace 70.000 años BP, la elevación del nivel del mar sobre los niveles actuales impedía los puentes para alcanzar el continente americano. A los efectos humanos África era la cuna del Homo, mientras el continente separado de la deriva del Triásico permanecia vacío.
En la geografía de la extensión Paleoártica se desarrolló la especie homo sapiens neandrthalensis con anterioridad al cambio climático durante la glaciación Würm. Hay hitos significativos como los enterramientos de los montes Zagros en Shanidar hace 60.000 años. Pero, al menos, hasta hace 45.000 años BP no se detecta la presencia continuada de nuestra especie; una existencia vinculada a los fósiles del homo sapiens sapiens relacionada con las pinturas rupestres a nivel universal.
La superación del balbuceo oral del homo sapiens se localiza en los nichos ecológicos y culturales de las distintas razas emergentes de nuestra especie, conviviendo en los territorios de caza. Allí donde se instalaron las familias lingüísticas en el espacio-tiempo, evolucionando hasta un grado de cohesión desde los balbuceos orales.
Con los ecos del balbuceo oral la realidad de un contacto entre ambas especies permite analizar los fonemas que son parte de los inicios del lenguaje del niño. A partir de la edad de unas seis semanas, aproximadamente, –el niño y la niña– comienzan a balbucear, emitiendo primero las vocales y más tarde las consonantes aisladas; principalmente fonemas sordos antes que sonoros, en forma de explosión-fricción, guturales, líquidos o chasquidos junto con siseos; se escuchan haces de correlación entre los modos de articulación:
m k l ts s
̸ \ ̸ \ ̸ \ ̸ \ ̸ \
b — p g — h r — d tx — tz x — z
Si se tienen en cuenta las consideraciones de los paleontólogos Lieberman y Crelin, con las limitaciones orgánicas de la especie homo sapiens, la hipótesis del lenguaje oral muy desarrollado en sus orígenes es una fábula sin sentido. El lenguaje oral responde a fases de capacitación progresiva, como se reconoce en las etapas de crecimiento de personas infantes hasta alcanzar la adolescencia y, más tarde, la madurez. Las posibilidades mecánicas para el lenguaje oral del homo sapiens, según los citados antropólogos físicos estimaban, permitían la pronunciación sólo de catorce o dieciséis fonemas, incluidas las vocales fundamentales (a, i, u) y consonantes.
Para los seis meses, niños y niñas, empiezan a comparar su balbuceo con los sonidos del ambiente, sobre todo los de su madre, parientes y contexto familiar. A la edad de diez meses aproximadamente empieza a pronunciar sus primeras palabras. En la mayoría de los casos, su primera palabra es ama, relacionada con su madre. Sucesivamente sigue empleando más palabras, de una o, a veces, de dos sílabas. En los estudios de Lieberman y Crelin, su convencimiento está fundamentado en que lo esencial de la función mecánica de articulación de sonidos del homo sapiens estaba restringido a la mitad de nuestros fonemas.
La leyenda del KIXMI recoge la explicación más admisible para intentar reconstruir después de miles de años el ocaso de nuestro pariente homínido, el homo sapiens. Don Jose Miguel de Barandiaran, en el Epílogo de su “Mitología Vasca”, dice que las viejas concepciones mitológicas vascas, han llegado a nosotros al margen de las creencias cristianas […] como material (para) quien intente reconstruir el mundo de representaciones del antiguo pueblo pirinaico”.
La llegada del KIXMI, el sucesor emergente del homo sapiens en extinción debió ser lenta, sin duda. Y se produciría con un proceso y salto evolutivo sorprendente, desde la aparición de la población moderna y su facilidad orgánica para superar la dificultad vocal de una articulación entrecortada y limitada. La leyenda que ha llegado hasta nosotros relata con absoluta fidelidad lo que el anciano GENTIL o JENTIL, (quizá HENTIL) les dijo al grupo de jóvenes que le llamaron para que les explicase el significado de la señal que aparecía ante ellos: Ha nacido el KIXMI y ha llegado el fin de nuestra raza; echadme por el vecino precipicio” (Don Jose Miguel de Barandiarán, Mitología Vasca, Pág. 148).
El homo sapiens sapiens, emergente en el nicho ecológico y cultural de la antigua Euskal Herria o Eskual Herria, pudo señalar a su contemporáneo el homo sapiens como ZAIN ZEZEL o ZAIN ZEZERE; y llamar a sus lugares de enterramiento GENTIL BARATZAK. La comunicación entre ambas poblaciones recogería el epónimo KIXMI como la expresión con la que identificaron las gentes de una raza desaparecida al hombre moderno. La leyenda, como relato de Euskal Herria, no tiene referencia ni relación alguna en la mitología comparada de ningún otro pueblo.
La mitología y las leyendas griegas, los dioses hindúes, los mitos y tradiciones de los pueblos aborígenes de Australia y África, todo se asocia con el pensamiento transmitido desde el pasado. La leyenda del KIXMI, a través del análisis de las palabras y su valor sincrónico, permite alcanzar los primeros balbuceos del lenguaje oral de una estirpe sin futuro. Un panorama bastante amplio de la historia del hombre en su convivencia nómada-recolectora, donde el lenguaje gestual y por señas evolucionó hasta los orígenes del lenguaje oral.
Entre los años 45.000 y 30.000 BP va apareciendo escalonadamente el homo sapiens sapiens, con una creciente capacidad de comunicación oral que se irá desarrollando a lo largo del Paleolítico Superior. Tras un periodo de convivencia de ambas especies, no menor de 15.000 años, se producirá la desaparición de la estirpe de calidad humana homo sapiens neanderthalensis.
Durante ese periodo de 15.000 años, la especie homo sapiens neanderthalensis en regresión y el emergente homo sapiens sapiens, forzosamente tuvieron que mantener esa convivencia, compartiendo territorios próximos y comunes. Fue durante el rigor de la glaciación Würm, cuando quedaron aislados entre sí diversos nichos ecológicos y culturales de Europa y Asia, intercambiando conceptos y conocimientos en el ámbito más estrecho. Palabras comunes de las poblaciones anteriores al cataclismo glaciar, serían transmitidas con su valor conceptual a las nuevas poblaciones de homo sapiens sapiens, de modo que el étimo remoto sería la herencia que recibirían de la estirpe anterior.
De la convivencia cerrada en los distintos nichos ecológicos y culturales surgió la singularidad de cada lengua, desarrollándose en su aislamiento particular, a partir de raíces propias del balbuceo primigenio. La progresiva ampliación del lenguaje oral impulsó el avance exponencial del desarrollo acelerado del pensamiento y el progreso de la humanidad.
Fue desde la adquisición de matrices referenciales, al fundirse con el pensamiento individual, cómo surgió la expresión del lenguaje oral. Con la mayor fluidez del lenguaje oral de nuestra especie emergente se generalizó la manifestación de signos parietales y pinturas rupestres más antiguas. El realismo impresionista que impregna las cuevas del nicho ecológico y cultural de Euskal Herria introduce la realidad gráfica como soporte de una extensión de la capacidad iniciada con el lenguaje oral.
Las características geográficas de dicho emplazamiento en el Sudoeste europeo, así como los datos arqueológicos y toponímicos existentes, apuntan la existencia de una cultura dentro de una marcada unidad geográfica capaz de mantener durante siglos la singularidad de origen de un pueblo.
Una singularidad donde las pinturas de las cuevas transmiten un hecho documentado con la doma del caballo, extensible a otros animales. Una singularidad que hizo a dicho pueblo dueño de su pensamiento individual, expresado con el idioma de comunicación colectiva, el euskara/eskuara, manteniendo tanto la unidad geográfica como la lingüística.
En eskuara o euskara los aparejos de la conducción dócil del caballo tienen nombre propio y la descripción singular como su definición respondiendo, así, al principio de Tagore. El conjunto de aparejos, excepto el freno, tiene nombre en euskara: TXARRANTZA (NG, B, G, ER), variante, SARRANTZA (NG, BN), los «trebejos de las riendas»; TRESEN (NG), «arneses»; LANABAS (L, G), LANABES (B), «trebejos de protección»; BABES (G), «bozal». El bocado controlado por la rienda sería el artificio primero, anterior a los arneses, como indica la sencillez descriptiva desde una primera designación: AUKO (ER), «freno», MUTURREKO (NG, BN, L, ER), MUSTURREKO (G), MUTHURREKO (Z), «freno», también BALAZTA, BALEZTA (B), «freno».
El paso del lenguaje gestual al lenguaje oral se inició con el balbuceo verbal. La matriz ESKU es común a todos los dialectos del ámbito territorial de Euskal Herria; su significado está relacionado con la imagen de la «mano» afirmando la actividad propia de su habilidad y destreza como base de un sistema de correlación conceptual, de relaciones coordinadas y subordinadas. Serían relaciones que se asociarían de manera directa con la actividad manual. Palabras con nexos figurativos directos que descubren las conexiones lógicas con la misma matriz y su relación con la lengua.
La acción de la doma y control animal se expresa en euskara con la acepción ESKURA, desde su sentido sincrónico como imagen donde se han construido las relaciones lógicas y precisas de valor diacrónico; propiamente, en ESKURA, las gentes que van dominando el lenguaje, dominan literalmente el sistema que describe el pensamiento con su estructura lógica desde su origen: ESKURA «sometido a mano», de donde llega la acción, ESKURATU (común), «domar», con los significados diacrónicos, «conseguir», «convencer», y en (B, G), «ganar, captar, poner a favor de uno».
El término propio del modo particular de hablar de nuestros antepasados localizados en el refugio del Paleolítico era EUSKARA o ESKUARA, como se ha dicho, palabra informativa y formativa del concepto. Como tal vocablo designa un lexema que aporta una idea asociada al lenguaje; pero, en sí misma, no puede expresar relación alguna con el momento de su formalización si no somos capaces de profundizar en la etimología remota y en el suceso que propicio su origen. El análisis descriptivo nos permite pasar de los contenidos y temas de la palabra como conceptos de relación aislada a un juicio discursivo como enunciado de discernimiento: ESKUARA < ESKU ARA, o bien EUSKARA < EUS KARA, EUSKERA < EUS KERA.
Este aspecto del significado sincrónico de KARA, como tema sustantivo, es de un indudable arcaísmo cuando nos retrotrae al momento en que la formaEUSKARA en su concepción fue sólo una manifestación de la función: EUS KARA, «traza de (la) mano», rememorando el lenguaje por señas. Con el reconocimiento de KARA como «traza», procedimiento, manera, modo y recurso al ademán que identifica el gesto estaríamos valorando el sistema de nexos del lenguaje por señas con el lenguaje oral. En la tradición del idioma vivo se reconocen así dos aspectos importantes de una etapa inicial de desarrollo del lenguaje: desde un lenguaje por señas, EUS KARA, la «traza de (la) mano», a su consecuencia con el lenguaje oral, ESKU ARA, «al modo de (la) mano».
Generalidad
(Sistema de correlación conceptual)
Matriz en euskara/eskuara: ESKU
Relaciones coordinadas
ESKURA, «a mano»
Relaciones subordinadas
↙ ↓ ↘
↙ ↓ ↘
ESKURAKOI (B), «dócil» ESKUKOI (BN, G, ER), «manso»
↙ ↓ ↘
ESKURAKAITZ, (G), «indómito» ESKURAKATX (B), «indómito»
↙ ↓ ↘
ESKURATU (común), «domar» ESKURAKOITU (*), «amansar» ESKUKOITU (Mitxelena), «amansar»
ESKURAKOTU (G), «domar, sujetar»
El hecho de la doma supone amansar a los caballos, haciéndoles dóciles para acostumbrarse a la voluntad de la gente y sujetarse a los ejercicios de control y servicio, nada menos que hace más de 30.000 años. Esto fue así en Occidente y de la misma manera debió acontecer en las regiones orientales y septentrionales aunque no contemos ni con las pruebas paleontológicas ni con la expresión transparente, como en euskara. Las raíces arias quedan oscurecidas en los ecos que resuenan en la diacronía de la diáspora donde las voces del remoto Paleolítico se relacionan con el pensamiento productivo más cercano.
Las primeras palabras del vocabulario balbuciente del lenguaje oral, relacionadas con el homo sapiens, fueron voces onomatopéyicas y posicionales ante la realidad espacial. El euskara/eskuara, cuenta con un amplio repertorio que prueba su antigüedad cercana a los primeros ecos recogidos de la naturaleza; son palabras formadas en el sonido repetitivo e imitativo de indudable armonía que designan imágenes de la naturaleza; entre lo más abundante la denominación del elemento necesario para la vida, UR (común) «agua», el murmullo recogido del arroyo que corre, con sonoridad débil líquida. El étimo remoto es la herencia que recibieron las gentes homo sapiens sapiens de la estirpe neanderthalensis anterior del hemisferio Norte.
La raíz aria, común a las distintas nacionalidades de la diáspora, wed- es el legado recibido de los neanderthalensis en base al significado dado por su carácter onomatopéyico UR>UD>U, «agua»: gr., ϋδωρ (ϋδ-ωρ); avést., vaiδi (vaiδ-i); het., wātar (wāt-ar); eslavo (cheko, eslovaco), voda (vod-a); polaco, woda (wod-a); got., watō (wat-ō); irl. ant. y moderno, uisce (uisc-e); let., ûdens (ûd-ens); anglos., water (wat-er); prus. ant., wundan (wund-an); alto alem., wazzar (wazz-ar).
Con la dispersión de las gentes arias desde su nicho ecológico y cultural del Paleolítico se establecieron los elementos fonéticos diferenciales, dando lugar a que la sustancia fónica formada –como dice Coseriu– se distanciase. Sobre el eje de las simultaneidades (Saussure) se mantiene el nivel de coincidencia sincrónica, original, determinante de la comunicación que existió durante el Paleolítico entre ambas especies humanas. Término común a las dos especies humanas que convivieron en el hemisferio Norte. Sin duda, anterior a las transformaciones del proceso de evolución en la diáspora, por línea de continuas separaciones, en el eje de las sucesividades diacrónicas.
Sobre la base del esquema de dicotomía de Saussure –a partir del orden cronológico de la dualidad sincronía/diacronía– se puede exponer lo que ocurrió con el alejamiento de los grupos arios que salieron con la diáspora de su nicho ecológico y cultural del Paleolítico. La representación paramétrica de curvas asintóticas, correspondiente a los puntos de las dos ramas de la dispersión aria, se aleja en cuanto a los modos de articulación fonética cuando crece indefinidamente la distancia entre ellos; una distancia cada vez más alejada por el efecto de ondas movidas por la diáspora ocupando el área de su expansión.
Mientras, en el área correspondiente a Euskal Herria, donde se desarrolla la asíntota de correlación, se manifiesta un cierto paralelismo de continuidad con la música del murmullo de muchos riachuelos. Es la persistencia del eco fonético del significante que se inició en el nicho ecológico y cultural del extremo occidental del hemisferio Norte.
El conocimiento del fuego como fuente de calor es parte de la experiencia del Homo. El control más allá del mantenimiento de la llama sería un acontecimiento que terminaría dominando el fuego. Las evidencias del control del fuego las aporta la arqueología que sitúa al homo erectus hace un 1.500.000 de años en torno al hogar, en el nacimiento de la comunidad, aprendiendo a vivir compartiendo alimentos.
Otros contenidos conceptuales de generalidad coordinada y subordinada, sujetos a matrices del pensamiento humano y su evolución, son en conclusión –según mi teoría– el avance de un progreso exponencial. El libro es parte del estudio, análisis y síntesis que certifican la época que dio lugar a los orígenes del lenguaje oral desde el lenguaje gestual. Un paso gigantesco de la humanidad, donde la aparición de la especialización y las jerarquías estableció la división del trabajo, que exige una revisión de la filosofía individualista que nos empuja a la decadencia; y, posiblemente a la extinción.
Noviembre, 2017

Fuente:  http://www.euskariafundazioa.elkarteak.net/?p=1745

martes, 7 de noviembre de 2017

BERTSOLARISMO / HISTORIA

41 años sin aire

Por Felix Mugurutza
Un día como hoy, 7 de noviembre, pero de hace 41 años, falleció de una manera extraña y repentina Ferdinand Aire, el más misterioso y mejor de los bertsolaris que ha dado este país. Urepeleko artzaina, el pastor de Urepel (Baja Navarra, República francesa), más conocido por el nombre de su caserío y borda: Xalbador.
INESPERADA DAMA NEGRA
Estaba recibiendo un homenaje en el que toda Euskal Herria le rindió honores en el frontón de su pueblo cuando se sumó también la muerte a la fiesta, tenebrosa dama que lo recogió allí mismo para llevárselo ladera arriba, hasta la gloria de la eternidad. En realidad, todo parece indicar que su corazón no aguantó tanta emoción ya que, aquella gente en su mayoría desplazada desde Hegoalde (porción sur de Euskal Herria, Reino de España) era la que le había abucheado y humillado, como pocas veces se ha hecho, unos años atrás.


EL HABLA DE LA SANGRE
Ferdinand Xalbador, no era sino un humilde pastor, sin estudios, pero que pronto destacó por su creatividad lírica y alta sensibilidad. Algo que chocaba en un país en el que el fundamento era el culto a la bestialidad, cuanto más y más escandalosa se hiciese mejor. Pero nuestro pastor era diferente. Y quizá por ello incómodo e incomprendido.

Él mismo se extrañaba en ocasiones de los versos que improvisaba con una belleza magistral y lo atribuía a una especie de posesión con la que, decía, cantaba realmente su sangre y no su garganta. Era el odolaren mintzoa, ‘el habla de la sangre’ que tan famoso le hizo.
Pero como todo artista creativo era incómodo por sus rarezas. Hoy mismo, a pesar de estar convertido en una especie de símbolo nacional la gente mayor de su pueblo habla todavía de él a regañadientes, un poco incomodados, ya que en más de una ocasión fue llamado al orden por su comuna. Era un personaje difícil, peculiar.
CARRERA Y LÁGRIMAS
Sus primeros versos ya fueron legendarios. Siendo un crío, se encontraba en la plaza de su pueblo (el caserío Xalbador está a media ladera de una montaña, alejada del casco urbano) cuando escuchó en la taberna a unos bertsolaris de cierta calidad y reconocimiento al parecer.

Él, ni corto ni perezoso, desde el exterior y a través de la ventana, no pudo reprimir aquel habla de la sangre e improvisó unos versos que cantó para todos los que allí estaban. Mal acabó aquella primera actuación porque la bronca y reprimenda fueron monumentales y salió llorando, humillado, sin entender nada, corriendo hacia su casa, a refugiarse en aquel rebaño que ninguna impertinente pregunta le iba a hacer. Pero ya había nacido la leyenda, porque la reprimenda de los bertsolaris y organizadores no eran sino un ataque de celos y desconcierto ante los impresionantes versos que acababan de escuchar de aquel muchacho y que los había ridiculizado por su gran calidad.

PITOS Y ABUCHEOS
Pero su protagonismo involuntario le vino en 1967, en aquel fatídico campeonato de bersolaris de Euskal Herria. Tras las actuaciones eliminatorias, llegó el veredicto previo a la final y quedaron para disputar el campeonato Xalbador y Uztapide, otro gran bertsolari.

Y allí comenzaron los abucheos y pitidos que llenaron con gran escándalo todo el frontón de Anoeta, simplemente porque aquel público sobrecargado de necios no quería ni pensar que los finalistas o el ganador no fuesen guipuzcoanos. Y, por miedo a la que se podía liar en aquella atmósfera exaltada, el jurado, aun habiendo hilvanado unos versos mejores Xalbador, dio la txapela de vencedor a Uztapide.
Y ahí es cuando, desde el fondo de la humillación, se ensalzó como el más glorioso de los bertsolaris, cantando un verso a aquel respetable al que había “ofendido” por su simple presencia. Y en lugar de recriminar el atraco del que había sido objeto pidió perdón y les mostro su afecto:
“Anai-arrebok, ez otoi pentsa / neu ere gustora nagonik / poz gehiago izango nuen / albotik beha egonik. // Zuek ezpazerate kontentu / errua ez daukat ez nik, / txistuak jo dituzute bainan / maite zaituztet orainik”.
(‘Hermanos y hermanas, por favor, no penséis que estoy aquí a gusto y más feliz estaría ahí abajo, apartado; Si no estáis contentos conmigo, no es culpa mía; y aunque me habéis pitado yo sigo amándoos todavía‘).
Lo hizo, como puede verse, en dialecto guipuzcoano, en una exhibición magistral del dominio de la lengua, para acercarse aún más al alma de aquel público hostil. Algún bobo aún pitó pero la mayoría de los presentes se puso en pie para aplaudirle, dejando incluso caer alguna lágrima por la emoción.
Desde entonces la leyenda no hizo más que crecer y crecer y, años después, todo el mundo lo adoraba. Y lo adoramos.
DE UREPEL A LOS CIELOS
Por ello, avergonzados por ese histórico escándalo que aún hoy en día en cierto modo se silencia, acudió mayoritariamente gente de Gipuzkoa a aquel primer y único gran homenaje en el bucólico pueblo de Urepel. Y tal fue su emoción, que tras hacer unos memorables versos de agradecimiento se sintió indispuesto y falleció.

Tumba del bertsolari Xalbador, en el cementerio de Urepele.
Pero falleció Ferdinand Aire, no el bertsolari Xalbador que ya goza de plena inmortalidad. Desde entonces la sangre de aquel tímido pastor sigue cantando por las laderas del Pirineo vasco los poemas melancólicos más bellos que se hayan concebido en euskera. Y nunca más nadie ha conseguido decir cosas tan simples pero tan bellas como lo hizo Ferdinand.
Para colmo de males, el músico y compositor Xabier Lete, con el corazón destrozado por el inesperado fallecimiento de su amigo, le compuso una canción con lo más estremecedor de sus entrañas: “Xalbadorren heriotzean” (‘en el fallecimiento de Xalbador’). Hoy está considerada la canción vasca más bella y es todo un himno nacional.
Es difícil no emocionarse al escucharla y mucho más un día como hoy, en el que sentimos la asfixia de cuarenta y un años en los que nos falta el Aire… Ferdinand Aire, Xalbador, el pastor de palabras cuya sangre hablaba. In memoriam
Fuente : http://blogs.deia.com/arca-de-no-se/2017/11/07/41-anos-sin-aire/